Cuando el camión llega a la obra en Gijón, el gato hidráulico se ancla al sistema de reacción mientras las vigas de referencia se posicionan sobre el terreno asturiano. La placa circular de acero, de 300 cm² o 762 mm de diámetro, se asienta sobre una fina capa de arena para garantizar el contacto uniforme. Conectamos los comparadores de desplazamiento, calibrados cada 0.01 mm, y el manómetro digital registra la presión en cada escalón de carga. En esta ciudad, donde la rasa litoral alterna con rellenos antrópicos sobre el antiguo humedal de la zona de El Natahoyo, la respuesta del suelo puede variar en menos de 50 metros. Por eso el control en campo es insustituible. Aplicamos ciclos de carga-descarga según la UNE-EN 1997-2, midiendo asientos que luego interpretamos con modelos de Boussinesq para obtener el módulo de deformación y la presión de hundimiento. En nuestra experiencia con obras en la periferia de Gijón, desde Roces hasta Tremañes, una calibración rigurosa del equipo evita desviaciones que invalidarían los resultados del ensayo de placa de carga.
Un asiento diferencial de solo 5 mm en una losa de cimentación en Gijón puede generar fisuración si el terreno bajo la placa no alcanza el módulo de deformación esperado.



