El crecimiento de Gijón sobre la rasa litoral y los valles de los ríos Piles y Aboño ha obligado a construir sobre depósitos aluviales y rellenos antrópicos cuya capacidad portante no siempre es la deseable. La expansión de barrios como Nuevo Roces o los desarrollos en la zona de Somió pusieron en evidencia un desafío geotécnico recurrente: lidiar con estratos de arenas sueltas y limos blandos saturados, donde una cimentación tradicional resultaba inviable sin tratamientos previos. En ese contexto, el diseño de columnas de grava se convirtió en una herramienta clave para la viabilidad de muchas promociones, al reducir asientos y acelerar la consolidación en paquetes de suelo compresible de hasta 8 y 10 metros de espesor. Para perfiles donde se requiere un conocimiento más detallado de la resistencia en profundidad, solemos complementar estas campañas con un ensayo CPT que permite ajustar la malla de columnas con datos continuos, o verificar la matriz fina mediante límites de Atterberg cuando los finos superan el 12% y podrían comprometer la capacidad drenante del sistema.
Una malla de columnas de grava bien diseñada puede elevar la capacidad portante de un suelo blando costero de 50 a 120 kPa con asientos controlados por debajo de los 25 mm.



