Una promoción de viviendas unifamiliares en la zona de Somió tuvo que replantear por completo la cimentación a mitad de proyecto. Las calicatas iniciales no reflejaban la heterogeneidad del terreno, y al excavar aparecieron bolsadas de arcilla blanda bajo un manto de zahorra. Ese contratiempo se resolvió con una losa de cimentación bien dimensionada, capaz de repartir las cargas y absorber los asentamientos diferenciales que un sistema de zapatas aisladas jamás habría tolerado. En Gijón, la transición entre los suelos residuales de la rasa litoral y los rellenos antrópicos del casco urbano obliga a ser muy precisos en la evaluación geotécnica antes de elegir el tipo de cimentación.
Una losa bien proyectada convierte un terreno mediocre en una base de apoyo fiable, siempre que el modelo geotécnico refleje la realidad del subsuelo gijonés.



