En la ampliación de una nave logística junto al polígono de Roces nos encontramos con un relleno heterogéneo de más de dos metros que los sondeos previos no terminaban de acotar. La solución fue abrir una calicata de 3 metros de profundidad que permitió al ingeniero descender, tomar muestras inalteradas de la matriz arcillosa y fotografiar la interfaz con el sustrato rocoso alterado típico de la rasa cantábrica. Esa es la ventaja diferencial de la calicata: la observación directa y táctil de la estratigrafía, algo que una perforación mecánica no puede sustituir cuando la heterogeneidad manda. En Gijón, donde alternan depósitos aluviales del Piles con rellenos antrópicos centenarios, este método aporta una certeza que pocas técnicas igualan. Combinamos la inspección visual con ensayos complementarios como el ensayo CPT cuando el perfil requiere registro continuo de resistencia, o la densidad in situ para verificar compactación de rellenos controlados bajo soleras.
Bajar a una calicata es leer la historia geológica reciente de Gijón: cada capa de relleno, cada lente de arena, cuenta una decisión urbanística pasada que condiciona la cimentación futura.



